miércoles, 27 de abril de 2016

Heliodoro Charis Castro

26 de abril, aniversario luctuoso de Heliodoro Charis Castro... se murió pues...

Un singular hombre que siendo fuera de lo común y avispado ingenio con sobrada ignorancia, en tiempos turbulentos, en donde el espíritu combativo y recto, lo llevaron a ganarse la admiración de muchos, inclusive de sus enemigos.

La fama del General inició con la toma de Ocotlán, Jalisco los delahuertistas se encontraban fortalecidos y pertrechados en esa población rodeada y protegida por el río. Adolfo de la Huerta, sonorense también (con eso de que “para que la cuña apriete”), había sufrido ya una derrota en el municipio veracruzano de “La Esperanza”, el grueso de las fuerzas restantes se ubicada en la zona jaliciense.


Joaquín Amaro, “leído y escribido”, egresado del Colegio Militar, con sus paisanos, criados y desarrollados a orillas del rio Yaqui, no logro tomar la plaza; Charis con sus mareños de Santiago Astata, Salina Cruz, Unión Hidalgo, Juchitán y otros nadadores cotidianos de la región istmeña sobrevivientes y sobresalientes de las necesidades de la vida; “nadando de perrito”, con los pertrechos atados a la cabeza logran con esta victoria romperle la columna vertebral a la insurrección.

Sin la acción de Toral en “la Bombilla”, otros vientos le hubieran soplado a Juchitán. El siempre heroico lograda la tranquilidad y derivada de las acciones para conseguirla, Joaquín Amaro llega a ser ministro de guerra (hoy –secretaría de la Defensa Nacional) y Chais general, diputado y senador, sucesivamente. Sus acciones llegaron a ser tan relevantes como en tiempos de la revolución, el espacio ocupado por las caballerizas del cuartel militar fueron destinados para un parque y que posteriormente se llamaría “Parque Revolución”; el propio cuartel se convertiría en lo que hoy es el “Centro Escolar Federal Juchitán”. El terreno adyacente a la iglesia de San Vicente Ferrer sería expropiado para establecerse la Escuela de Artes y Oficios de Oaxaca; después sería sucesivamente Escuela de Enseñanzas Especiales #12 y después número 34, hoy Casa de la Cultura.
Creación del Hospital civil en donde actualmente es el mercado de abastos “2 de Noviembre”, en el presente Juchitán es mencionado pomposamente “El corazón comercial del Istmo”, no todo el tiempo ha sido asi, antes dela construcción de la carretera panamericana, el ferrocarril constituía el principal medio de locomoción y pasaba por ciudad Ixtepec “el emporio jeromeño”. Sus comerciantes libaneses enterados de las intenciones del diputado Charis que la nueva carretera pasara  por Juchitán, se acercaron con ofertas tentativas para que se contemplara a Ixtepec, mismas que fueron rechazadas. Hoy que el comercio juchiteco es tan floreciente y boyante, gracias a esa vía de comunicación terrestre gestionada por el General. Nadie se acuerda y menos lo agradece.

Resultaron proféticas aquellas palabras del compositor ixtaltepecano Jesús “Chuy” Rasgado, dirigidas al General Charis, en una madrugada de los años 40.

Los rememora un hermano de la finada esposa del General “como cada miércoles, aquella madrugada, al estar desollando la res que semanalmente destinaba el General para la alimentación de los jóvenes estudiantes hospedados en su casa (hijos de los ex combatientes delas comunidades citadas  arriba), con tal de mantener la matrícula de la Escuela Secundaria, se aparece por la puerta principal un individuo descalzo, con ropas sucias y con aliento alcohólico preguntando ¿ya despertó el General?, es que me invitó a venir en cuanto despertara. Ante su insistencia en ser recibido se le despierta y pregunta a la hermana la conveniencia de despertar al marido, diciéndole que lo busca un tal “Chuy”  Rasgado a lo que contesta “si lo conoce que pase, es igual  que él”.

El General lo recibe cordialmente y con el transcurso de la plática y las copas, el entonces casi desconocido compositor exclama: “General en esta época eres muy renombrado por todas partes, pero llegará el día en que la gente me recuerde más a mí que a ti, porque yo viviré a través de mis canciones y pocos serán los que se acuerden de tus acciones”.

Biografía 
Gral. Heliodoro Charis Castro (1896-1964) fue un militar mexicano que participó en la Revolución mexicana y en la Guerra Cristera. Nació en el 3 de julio de 1896 en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Su origen indígena y humilde le privaron de ir a la escuela, por lo que no sabía leer ni escribir. A la edad de 15 años se da de alta en el Ejército Revolucionario cuando su padre se une al Movimiento Oaxaqueño en favor de Francisco I. Madero de Benito Juárez Maza, hijo de Benito Juárez. Se identificó con los ideales de José F. Gómez, por lo que peleó contra los federales al lado de los Generales Merodio, Gamboa y Zozoya. Con la Decena Trágica, Charis se levanta en Armas en contra de Victoriano Huerta junto a José F. Gómez.

Se adhirió al Plan de Agua Prieta, y poco después se unió a las Fuerzas de Álvaro Obregón. Fue nombrado General Brigadier por el General Alvaro Obregón y desde entonces causó alta en el Ejército Federal con ese grado, además de ser diputado federal por el 17 distrito electoral del Estado de Oaxaca a la XXXII Legislatura y Jefe de operaciones militares en el Estado de Colima, el 6 de octubre del 1929 es nombrado Jefe de Operaciones Militares en el Estado de Querétaro. Es herido en la Batalla de Ocotlán, aunque gana la batalla. Participa en la Campaña Yaqui en Sonora, derrotando al enemigo sin sufrir ni una sola baja. Detiene e invade la Guarnición militar ubicada en Ayahualulco, Veracruz donde se pretendía detener al General Arnulfo R. Gómez en 1927. El 24 de mayo participa en el Asalto de Manzanillo o Batalla de Manzanillo, donde hubo 123 muertos del ejército Cristero y 29 soldados Federales, victoria que lo consolidó como uno de los mejores Generales de la época.

Crónicas
Hace quince años (1997), el Dr. Efraín Toledo Sumoza, Presidente del Grupo Cultural “La Peña del Sol” de la ciudad de Tonalá, quién falleció en el año del 2003, escribió un artículo sobre el General Heliodoro Charis Castro, militar juchiteco nacido el 3 de julio de 1896. El Dr. Efraín Toledo nacido en Tonalá, pero con raíces istmeñas, conoció al Gral. Charis por los años 30´s, iniciando una gran amistad con él, a tal grado que fue su médico de cabecera una buena temporada. Nos comentaba el Dr. Toledo que Charis no le pagaba por su trabajo, pero a cambio lo invitaba a comer, por lo cual convivieron buenos ratos, y así conoció muchas anécdotas de este personaje. 

El Gral. Heliodoro Charis era de origen indígena y humilde, que lo privó de ir a la escuela, por lo que no sabía leer, ni escribir. A la edad de 15 años se da de alta en el ejército revolucionario, en la Decena Trágica; Charis se levanta en armas en contra de Victoriano Huerta junto a José F. Gómez. Se adhirió al Plan de Agua Prieta, y poco después se unió a las fuerzas de Álvaro Obregón. 

Fue nombrado General Brigadier por el General Álvaro Obregón. Participó al lado de Joaquín Amaro en la Batalla de Ocotlán, Jalisco el 9 de febrero de 1924 con su 13º. Batallón de 300 juchitecos. Ese día a las 11 de la mañana salen rumbo a la vía del ferrocarril, a quitar la artillería. En esta lucha es herido el General Charis en una pierna y un brazo; aunque ganan la batalla: Obregón, Joaquín Amaro y Charis. Igualmente participa en la Campaña Yaqui en Sonora, derrotando al enemigo sin sufrir ni una sola baja. El 24 de mayo participa en el asalto de Manzanillo o Batalla de Manzanillo, donde hubo 123 muertos del ejército cristero y 29 soldados federales, victoria que lo consolidó como uno de los mejores generales de la época.

Fue Diputado Federal (1926-1928) por el 17º distrito electoral de Oaxaca, y Senador de (1940 a 1946). Una vez retirado del servicio activo del ejército en Querétaro, a mediados de 1931, se dedicó con contagioso entusiasmo a la política y a la agricultura. Comentaba el Dr. Toledo, que desde el primer momento que lo conoció lo impresionó por su austera figura, su gallardía y su bonachonería. Su mirada dura se dulcificaba, cuando reía, lo cual hacia frecuentemente, pues estaba pronto al chiste y al retrueco. Se reía de las bromas de mal gusto, en las que lo señalaban como carente de instrucción. Su sentido común era muy agudizado, lo salvaba del escaso acervo de conocimiento y siempre respondía a todo y a todos, rápida y sutilmente. Como ejemplo de lo que he dicho de su personalidad, van los siguientes relatos que él mismo hiciera. 

Anécdotario:
“Cruzábamos, él y yo, una calle del centro de la ciudad de México. Yo, a pesar de, que un automóvil daba la vuelta a la esquina con rapidez, brincando gané la otra acera. El General se quedo esperando a que el automóvil pasara. Al llegar a donde yo lo esperaba, le pregunté porque no había cruzado la calle conmigo. Al instante, me respondió: “Gozaré de fueros, pero no de cueros”. 

Para enfatizar su fama de valiente juchiteco, haré la relación de otro suceso. Con frecuencia, después de haberle recetado, tenía la amabilidad de invitarme, junto con otros militares subalternos, a restaurantes-cantina, lujosos, de su preferencia. En una ocasión, vimos dirigirse hacia nosotros, al Jefe de la Policía de la Cd. de México, acompañado de sus cercanos ayudantes; al estar frente a frente los dos generales, el jefe policíaco, sonriente y respetuoso, le tendió la mano al Gral. Charis, acompañando esto con palabras de salutación. Charis, en respuesta, fijó su lacerante mirada en el rostro de quién lo saludaba y después de unos segundos le dijo en tono duro y cortante: “Yo no saludo a cobardes”. El General de tez muy blanca, cambió de color, y sin pronunciar palabra, se retiró. Charis, todavía perturbado por el incidente, nos dijo que: “le había visto el trasero” en Tabasco durante la Revolución. 

En otra ocasión fui testigo del explosivo temperamento juchiteco, cuando llegué al cuarto del hotel , que siempre habitaba, me encontré que los presentes estaban tensos, y sólo se oía la estentórea voz del General, con su característica penetrante mirada, lleno de ira, que se reflejaba en sus movimientos y en el tono de autoritaria voz, le decía a un Mayor, ayudante: “¡Vaya Usted inmediatamente y dígale a ese torerito de mierda, que me traiga la pistola que le presté, tiene más de dos meses que no me la devuelve!” – No pasó mucho tiempo en presentarse un torero famoso por su valentía ante los toros, llevando consigo un estuche, el que entregó al General Charis, el cual, sin escuchar su excusa por su tardanza, lo increpó, diciéndole: “Es usted, un sinvergüenza, tiene más de dos meses que me pidió la pistola, ésta es la pistola que más aprecio.” Después de retirarse el famoso personaje, el General, nos relató de que esa pistola era la más estimada por él, porque había sido un regalo del General Joaquín Amaro. En verdad, que era bella, pues tenía cachas de nácar, y un águila dorada, con inscripción dedicada al General Charis. 

En otra ocasión, me relató un suceso, del que también fue protagonista, cuando era Jefe de las Operaciones en Colima. En unos días de feria, se llevó a cabo el concurso de reina, habían dos contendientes: una, la de los ricos; la otra, de los comerciantes; pero también, el ejército, lanzó una candidata. El día en que se anunció ante la plaza repleta de gentes el resultado de la votación, como era de esperarse, declararon vencedora a la primera y en último lugar, le tocó a la representante del ejército. El General, lleno de disgusto e ira, por lo que consideraba un desprecio a la que representaba a la más pobre, sus ojos se llenaron de fiereza, la misma que tenía cuando entraba en combate y antes de que su razón dominara sus fieros pensamientos, gritó con todas sus fuerzas: -“¡Pueblo de Colima, no voten por esas…(un sinónimo de hetairas), voten por mi candidata, que es humilde, pero buena!”- Está por demás decir, que la muchedumbre rápidamente abandono la plaza. Cuando me contó este suceso, vi en su rostro un reflejo de arrepentimiento, por aquel exabrupto. 

Combatiendo a los cristeros, en una pequeña población del estado de Jalisco, sus soldados le llevaron a un cura, al que sorprendieron huyendo, llevando consigo una pesada maleta. Al preguntarle al General, cuál era el contenido de ella, le respondió cabizbajo y asustado, que era dinero de la Iglesia. Ante la admiración e incredulidad de los soldados, el General Charis, le dijo: -“¡Váyase curita, antes de que yo me arrepienta, y le quite el dinero y la vida!” – Nos contaba el General a un grupo de sus subalternos y a mí, que cuando el ejército triunfador en Celaya, comandado por el Gral. Obregón, del cual él formaba parte, entró triunfante en la capital, se le ocurrió caminar por el Zócalo, para admirar la gran Ciudad. Repentinamente sintió una bala le atravesaba el sombrero. Pocos instantes después de salir de su asombro, el sentirse que todavía estaba vivo, se quitó el tejano y con sorpresa vio, que la bala había atravesado el águila dorada, y sólo había doblado la medalla de la Virgen de Guadalupe, que había puesto, precisamente atrás del águila. 

En 1935, siendo interno del Hospital General, lo visité y me pidió que lo llevase con el que yo consideraba el mejor cirujano, pues como resultado de un accidente durante una cacería de venado, en la que, un profesor que lo acompañaba, al parecer, no muy versado en ese deporte, accidentalmente, lo hirió en el lado derecho del cuello. Milagrosamente, fue en sedal, atravesando nada más, los músculos escalenos, dejando esquirlas o fragmentos de la bala expansiva, en sus bien desarrollados músculos y una cicatriz retráctil que hizo que el General siempre llevara la cabeza, ligeramente inclinada hacia la derecha. Me contó, que en esos momentos, cuando se sintió herido, quiso dar muerte al profesor, pero razonablemente pensó que había sido accidental y lo dejó vivir. Concerté una cita con el Maestro Gustavo Baz y después del examen, lo operamos, con el fin de extraerle los pequeños fragmentos de la bala, teniendo frente a nosotros la radiografía que mostraba, de manera clara, media docena de ellos, en diferentes sitios de sus músculos. Extrajimos algunas, pero se quedaron las más profundas, las cercanas a los vasos del cuello. En esa época, se desconocía la cirugía vascular en México, y en muchas otras partes del mundo. Afortunadamente, pudo continuar su vida, sin muchas molestias, porque no hubo lesión de nervios importantes. Al final, el Dr. Efraín Toledo Sumoza comentaba sobre Charis, “que la historia y el tiempo, ha reconocido la extraordinaria y recia personalidad de este singular juchiteco, que forma parte de la leyenda y de la historia.” El General Heliodoro Charis Castro murió en la ciudad de México el día 26 de abril de 1964. 

Su nieta Guadalupe Altamirano Charis: Pedro Páramo y el general Charis
Nadie se podría imaginar al general Charis en Comala, como Pedro Páramo en la novela de Juan Rulfo.

Pero fuera de la historia fantasmal del escritor mexicano, Rulfo contó a Jean Meyer, el gran historiador de la guerra cristera, que el general Heliodoro Charis Castro como encargado de zona militar de Colima y sur de Jalisco recibió con honores en Comala al general cristero Andrés Salazar.
Antes, el 24 de mayo 1928, durante el asalto sorpresa a Manzanillo, los cristeros creían ganada la batalla en importante puerto, pero sufrieron una derrota por ciertos errores tácticos: Salazar debió hacer un ataque de distracción en villa de Álvarez en la mañana, pero lo hizo por la tarde, cuando Charis ya había derrotado a los cristeros, había llegado por tren con refuerzos una hora y media después de iniciado el ataque, lo que obligó a la retirada de los rebeldes. Después de la rendición, Charis habría aconsejado a Salazar, según Rulfo, que huyera porque lo iban a matar los agraristas. Charis “se portó bien, muy bien” contó el autor del Llano en llamas. 

A los mismos agraristas habría de ahuyentar, ya retirado y sin mando en Juchitán, cuando quisieron volver en ejidos las tierras de sus hombres en Álvaro Obregón. Los pistoleros de Charis, entre ellos el oscuro Federico Rasgado, habrían victimado a los campesinos que exigían sus títulos, según Víctor de la Cruz en el libro El general Charis y la pacificación del México postrevolucionario, el general se habría portado con sus hombres con la actitud del cacique: “ir a la revolución y no recibir tierras, comprarlas (con él) y no recibir los documentos de propiedad”. El general tuvo esos períodos: del soldado valiente al frente de sus hombres, el héroe que seguiría la tradición rebelde de los juchitecos contra los gobiernos injustos; luego hábil y honesto militar en las encomiendas que le dieron sus jefes: al general Álvaro Obregón le sirvió en la toma de Ocotlán durante la rebelión de Adolfo de la Huerta, incluso para combatir a los Yaquis, indios igual que él; luego al general Joaquín Amaro durante la guerra cristera y durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, cuando era jefe de zona en Querétaro en donde se enfrentó a las trampas del Gonzalo N. Santos, el célebre cacique de San Luis Potosí, quién se encargó como diputado de denigrarlo en tribuna atacando su calidad de analfabeta. Ese hecho le costaría el mando de tropa y su retiro. En Juchitán se ha escrito ya sobre sus obras para con su pueblo, y también Víctor de la Cruz se encargó de equilibrar su historia y presentarlo como un hombre con grandes virtudes pero también con ambiciones y oscuros pecados.

Recuerdos de la hija del General
Él como todo juchiteco no podía vivir sin la iguana, el desayuno diario del general era la iguana y los tamalitos de elote, eso era lo que desayunaba siempre. Había veces que mi mamá le preparaba chilaquiles, huevos, pero él diario quería desayunar iguana. Cuando ya estaba muy enfermo y ya no salía, si venía alguien a verlo, siempre le decía “siéntense a desayunar conmigo” y si la persona se negaba a veces decía en zapoteco “co general, ma’ hue’”, y él solía responder “cadi cayabe’ dia’ lii pa ma’ hueu’, gurí ne naa”, así era siempre, cualquiera que fuera. Él tuvo por mucho tiempo la política en sus manos por eso muchas personas lo venía a ver. Cuando hubo un conflicto por el ojo de agua entre Tlacotepec y Comitancillo, siempre venían. Venían mixes de Guevea de Humbolt, aquí los atendía e incluso aquí se dormían, le ordenaba a mi mamá que les diera de comer. El corazón lo tenía en la mano mi papá, no dejaba que otro se muriera de hambre, el bocado que era para él se lo daba a los demás. Mi mamá a veces lo regañaba porque el desayuno que era para él se lo daba a los demás. Pero ya era su costumbre de dar de comer al que viniera, si llegaban a la hora de la comida se les servía para que comieran, mi mamá ya sabía y preparaba bastante comida. Por ejemplo cuando él era senador, cuando venía de México aquí mataban una res, mandaba a traer totopos de Xadani, hasta los niños recibían totopos y la carne, les tocaba parejo. Antes no había plato desechable, en el totopo se ponía la carne para que los niños llevaran a su casa, porque antes había gente que estaba muy necesitada. Cuando llegaban los candidatos también aquí se hacía el desayuno de todos, llegué a conocer a Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortínez, López Mateos, aquí se sentaban a desayunar, era ley de que vinieran a desayunar. Antes eran puros hombres no había mujeres, ahí tengo muchas fotos en donde no aparece una sola mujer, aparecen pero sirviendo de comer. Como en la época de la revolución, él llevo a muchas mujeres pero para que les hicieran de comer, las soldaderas como se dice vulgarmente.


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